Sí, igualad sí, PERO… sin ser tan extremista

Tras algunas conversaciones y escuchas de las últimas semanas, una vez ya en casa con la bata puesta me han brotado los siguientes cuestionamientos.

 

Ellas habían roto muchísimas barreras porque necesitaban vivir sus vidas. El franquismo llegaba a su fin en España y comenzaba la transición, fueron hijas de ese cambio.

La mentalidad machista de estos años era muy evidente, mucho más en los pueblos entre las montañas. Ellas tienen cientos de relatos sobre sus padres, sus hermanos, sobre los curas o los maestros, que ponen en evidencia esa sociedad en las que el poder político, social, económico, entre otros, estaba claramente en manos de los varones que las rodeaban.

Por eso, ellas tuvieron que romper muchas barreras en sus cotidianidades. Rupturas cotidianas que han sido claves en nuestra situación actual. Ellas tuvieron relaciones sexuales sin casarse. Ellas decidieron no tener parejas. Ellas se quedaron embarazadas sin estar casadas, unas los tuvieron y otras abortaron, ambos actos, según en la familia que estuvieran, el momento, la pareja, etc., eran actos transgresores.

Ellas se casaron para poder salir de casa y del dictado de sus padres. Muchas de ellas se arrepienten (porque ahora siguen el dictado de sus maridos) y siguen casadas, otras se han divorciado y a algunas les salió bien. Todo esto fueron transgresiones cotidianas.

Las que pudieron estudiar porque sus familias tenían medios o porque consiguieron alguna beca o sponsor, en su día a día universitario rompieron muchas barreras cotidianas. Comenzaron a dar su opinión en clases llenas de hombres. Si sus estudios eran como ingenieras, matemáticas, o cualquier otra área conectada con lo masculino, las barreras eran mucho mayores. Me viene a la memoria María Dolores Norte Gómez, a la que escuché hace unos días por la radio. Fue la primera mujer que se tituló como Ingeniera de Minas por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid, en la que entró en el mítico 1968. Ella contaba muchas de estas experiencias.

Todas ellas cuentan decenas de “anécdotas” sobre el machismo que vivieron. También lo cuentan las que se casaron por huir y ahora limpian casas o trabajan de administrativas. También aquellas que estudiaron más tarde y que consiguieron trabajar en lo que les gustaba.

He escuchado muchos de esos relatos. Desde aquellos tiempos hasta ahora hemos avanzado mucho, esto afirman. PERO… ahora que ya estamos iguales y se están poniendo muy extremistas (nunca se menciona exactamente los/as sujetos de la oración). Algunas de esas “ellas” tienen discursos que no entiendo si escucho sus trayectorias vitales.

Eso de tener que estar diciendo “todas y todos”, “compañeras y compañeros”, no gusta. Produce repulsión. Lo conectan con la política, y lo conectan con que parecen más “modernas” las personas que hablan también en femenino, pero que después hacen las mismas cosas. Que lo que hace falta es hacer bien política, trabajar bien y ser buenas personas. Da igual si eres mujer u hombre, da igual si pone “médico” y quien firma es una médica.

Y cuando esto pasa me viene a la cabeza las palabras de Nuria Varela cuando habla del “velo de la igualdad”. También me viene a mi mente la institucionalización del feminismo, y todas las críticas que se han hecho alrededor de estas situaciones. Además, como leí hace poco “el feminismo está de moda” llegando a las frases de las camisetas de las multinacionales más populares.

Así que hay una mezcolanza de ideas sobre los feminismos, de resistencias ante el lenguaje inclusivo, ante las nuevas demandas que pretenden una vida más equilibrada.

Según mis escuchas cotidianas, muchas personas piensan que usar un lenguaje inclusivo es sólo añadir el femenino. Y no es así. Entiendo que no se puede duplicar todo el rato mientras hablas, y también sé que hay formas de no hacerlo, y que para aplicarlas hay que aprenderlas.

De forma que, he escuchado ya en varias ocasiones mujeres de entre 45-65 años con un discurso que por un lado ensalza el pasado feminista y se reconocen ahí, y por otro rechazan lo que definen como “extremismo” actual.

Ellas han sido muy rompedoras en sus cotidianidades en épocas más complicadas y ahora crean barreras ante nuevos cuestionamientos porque parece que son “demasiado”. “Igualdad si, PERO sin ser tan extremista”.

La idea de que denunciar anuncios sexistas, incluir lo femenino en el lenguaje, parar los chistes machistas en las conversaciones, etc., se ve como un exceso, “eso ya es pasarse”. Se afirma con contundencia que “pobres hombres”, que los tenemos acosados.

De manera que “Igualdad sí, PERO….

Esos “pero(s)” según la Programación Neurolingüística están anulando la frase que precede. Por eso, si realmente si se apuesta por la igualdad, habría que expresarse, por ejemplo, diciendo que “quieren igualdad, sin embargo a ellas les choca algunas de las estrategias que se están llevando a cabo para conseguirla”, lo que no anularía el poder de las diferentes estrategias. En cambio, se posicionan en que es un exceso y que ya no hace falta todo esto. De esa forma, sería mejor afirmar que ellas no quieren igualdad (lo que también apuntó Nuria Varela en una de las presentaciones de su libro “Cansadas”).

He escuchado a muchas de las que yo llamaría feministas cotidianas renegar de muchos de los avances de las feministas y de los feminismos. Crear una barrera en la escucha y mirarme con cara de “pobrecita, ella es muy joven, todavía no sabe lo que hay”.

Y claro está, que yo me equivocaré y que cambiaré mis opiniones, visiones y creencias. Pero ahora me llama la atención estos rechazos tan contundentes y les doy forma para poder comprenderlos mejor.

Ideas, cuestionamientos, pensamientos, hipótesis. Las cuales cambiarán mañana, cuando de nuevo me enfunde la bata veraniega y mire a mis cotidianidades.

CC BY-NC-ND 4.0 Sí, igualad sí, PERO… sin ser tan extremista por FeministasCotidianas está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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