Receta para la entrada en el nuevo año

Hoy es el último día del año 2017 y un buen momento para revisión y programación

Aquí os proponemos una receta para cerrar 2017 y abrir 2018.

Ingredientes:

  • Un espacio para ti
  • Un par de velas
  • Un manojo de sonrisas
  • Un manojo de lágrimas
  • Un fuerte abrazo
  • Música
  • Papel
  • Lápiz

Pasos:

  1. Vete a ese espacio para ti tu sola durante unos 30 minutos.
  2. Enciende las velas y haz un par de respiraciones profundas.
  3. Pon una música tranquila.
  4. Mira cómo ha ido tu año, da las gracias por lo que te dio. Usa las lágrimas y las sonrisas según las necesites aquí.
  5. Piensa qué quieres tener para el nuevo año y escríbelo en un papel:
    1. Personal: tú en relación contigo, tú en relación con las demás.
    2. Laboral: tu enfoque profesional.
    3. Salud: la vivencia de tu cuerpo, tu diálogo y cuidado hacia él.
    4. Ocio: tu disfrute.

*Esta división es un ejemplo, tú hazla según tus necesidades.

  1. Piensa cuáles van a ser tus pasos para conseguirlo y escríbelos.
  2. Pon una música que te guste y baila, deja que tu cuerpo se mueva libre. Usa las sonrisas y las lágrimas según las necesites.
  3. Date un fuerte abrazo y da la bienvenida a la vida: “vida, estoy dispuesta a que me des lo mejor que tienes para mí este año”.

Feliz y sororal 2018

Os deseamos que tengáis mucho amor a vosotras mismas, para que a partir de ahí el resto se construya

Fumándose la vida

 

Ella me recibió en la boca del metro con su cigarro en la mano, anorak negro abultado protegiéndola del frío y unas modernas zapatillas recién estrenadas, a la última moda.

Su pelo recogido en una cola de caballo que caía sobre su espalda le daba un aire juvenil y a la vez una madurez interesante de mujer de revista. La seguí hasta su portal mientras hablábamos de su nueva experiencia maternal.

Ya era madre de un niño. Aun así,  este era el primer embarazo que consideraba conscientemente elegido, con todo lo que ello traía consigo. Por un lado, el reconocimiento de las circunstancias y decisiones sobre el embarazo anterior, y por otro,  la aceptación de la situación actual en la que había afirmado este. Esto lo consideré como una gran hazaña, ya que era un salto en la trayectoria de su historia de vida.

La vivencia de este momento le había permitido ver nuevas formas de embarazo y había identificado vivencias, contextos, circunstancias, deseos, anhelos, etc., que estaban allí y que hicieron de esa vivencia algo único, dotada de ciertas características que había que mirar.

La sensación de impersonalidad, aislamiento y frialdad me llegaba de fuera. Me la trasmitía ese barrio aislado de la periferia catalana en el que se encontraba el hogar que me acogería. Tras pasar el patio “chic” con piscina comunitaria, subimos a su hogar. Allí nos recibió un silencioso parquet, cuadros y sofás grisáceos de última tendencia. El padre acunaba al hijo cuando ella lo cogió para acostarlo mientras yo comía un bocadillo de jamón.

Volvió con aires de matriarca, gestora de su hogar y de su familia, rebelde nocturna cigarro en mano.  Me encantó verla, llegar a esa casa familiar y encontrarme en un lugar en el que se respetaba mi espacio y me mostraban el suyo.

Al día siguiente en  nuestro bis a bis pude ver sus miedos y sus alegrías, nuevas miradas hacia otros lugares. La incomprensión de la economía doméstica  – y con ella la de los afectos-, las decisiones personales y las posibilidades de cambios. Mujer atravesada por limitaciones relacionadas con la maternidad,  la economía, y  los conflictos propios de su existir como humana, en un mundo aparentemente ordenado.