La autoestima de las mujeres

“Desde hace varias décadas, mujeres de todo el mundo han planteado la necesidad de reparar heridas y eliminar los sufrimientos provocados […]. Esta conciencia y el anhelo de sentirnos bien aquí y ahora, y de extender para todas lo que ya tenemos algunas, son signos de la causa feminista de las mujeres” (Marcela Lagarde 2000, 13)

El libro de Marcela Lagarde “Claves feministas para la autoestima de las mujeres” (2000) es uno de esos libros que  me dejó huella. Y me he dado cuenta de ello porque en muchas de las conversaciones que tengo con mujeres aparece la palabra “autoestima” y echo mano de la idea de esta autora de “sincretismo de género” para poder ponerle nombre a ese exceso de cosas que confluyen en ellas-nosotras en el día a día. De ahí que quiera referirme a él en este artículo.

La idea de empoderamiento (empowerment) de las mujeres traída del mundo anglosajón occidental empezó a tomar fuerza en España en la primera década del siglo XXI, aunque ya comenzara a usarse en los años noventa dentro de los contextos de los feminismos. Se institucionalizó y fue usada desde la ONU hasta el Banco Mundial, en espacios de cooperación, etc, fue bajando hasta nuestros ayuntamientos y asociaciones. En estos momentos está totalmente establecida. Ha tenido una acogida , ha calado. Aun así ha sido muy discutida desde los feminismos, la forma de institucionalizarse, de usarse.

Esta idea de “empoderamiento” conecta con la idea de que el poder se da. Sería dar el poder a las mujeres. Por ello ha sido controvertida. Por un lado, si hay que darle el poder, el poder lo tiene alguien, en qué esferas lo tiene y quién lo da a quién. Por otro lado, las mujeres tienen poder, ellas pueden. No lo han podido manifestar en muchas esferas. ¿Se les quitó el poder? Poder sobre sus vidas.  El poder ser.

De forma que, quizás la palabra empoderamiento no expresa bien  la complejidad. El hecho final sería que las mujeres tomen y sean conscientes de su responsabilidad sobre sus vidas. De esta forma, harían uso de su poder para construir aquella vida que ellas quieran, en función de lo que la vida les da, lo que hay, su aquí y ahora.

La autoestima está muy relacionada con esa idea de responsabilizarse. Si yo no me estimo a mí misma,  me quiero/me amo, no puedo hacerme responsable de mí y no podré utilizar mi poder para crear y (poder) ser.

 “La autoestima es el conjunto de experiencias subjetivas y de prácticas de vida que cada persona experimenta y realiza sobre sí misma. En la dimensión subjetiva intelectual, la autoestima está conformada por los pensamientos, los conocimientos, las intuiciones, las dudas, las elucubraciones y las creencias acerca de una misma, pero también por las interpretaciones que elaboramos sobre lo que nos sucede, lo que nos pasa y lo que hacemos que suceda.Es una conciencia del Yo en el mundo, y por ende, es también una visión del mundo y de la vida.” (Lagarde 28)

Y si las estadísticas (que siempre vienen muy bien en estos casos) y nuestras conversaciones cotidianas nos dicen que la autoestima de las mujeres está un poquito floja, pues algo pasa.

Fuente: Samuel D. Gosling et al. 2016, pp.402

La autoestima (eje vertical) parece ser que se refuerza con la edad (eje horizontal), y que depende de la cultura y del género (mujeres están representadas por la línea continua y los hombres por la línea discontínua). En el artículo encontraréis todo el análisis sobre esto, con todos los matices y las reflexiones.

El punto que queremos abordar aquí en relación al libro de Lagarde es que esa falta de autoestima está conectada, entre otras, con lo que ella nombra como “sincretismo de género”.

De manera sencilla y escueta, este sincretismo haría referencia a que en el día a día, las mujeres contemporáneas vivencian las normas, roles, estereotipos, creencias en torno al género más tradicionales, heredadas de sus ancestras/os. Al mismo tiempo que se crean desde los “nuevos” mandatos de género. Esto las lleva a una sobrecarga, a una pérdida de ellas mismas.

Encontramos de esta forma desvalorización, inseguridad, temor, dependencia de los otros. Además, se produce una competencia con las semejantes, una adaptación a la cosificación que se exalta. Y al mismo tiempo que está en ellas la seguridad, la autovaloración en las capacidades y habilidades propias, como valores más contemporáneos (Íbid 36).

“Si, yo puedo. Tengo una empresa y soy socia en otras dos. Aun así, cada vez que ven a mi marido más delgado me miran a mí. Yo me siento responsable de su alimentación, aunque no cocine, sigo sintiendo la carga. Sé que valgo y al mismo tiempo me siento una mierda.”

¡¡Escisión vital!! (Íbid 37)

Cuidadosas, dulces, amables, débiles, para los otros. Al mismo tiempo, guerreras, autónomas, independientes, resolutivas, valientes.

Todas las personas somos todo. Desde el punto de vista de la energético, todas las personas tienen energías a las que hemos llamado femeninas y masculinas. De forma que toda esa confluencia estaría en todas las personas.

La cosa es que no se ha aprendido a reconocer cómo se presentan esas energías en nosotras, en qué momento están, para qué las necesitamos, etc.

Esto en las mujeres se pone de manifiesto de ciertas formas comunes (al igual que los hombres en otras formas) por toda una historia y experiencia vital que ha sido compartida y confluye en ciertos rasgos, como el de la autoestima.

¿Qué hacemos con esto? ¿Cómo mejora la autoestima de las mujeres desde un punto de vista colectivo?

En el libro de Marcela Lagarde se dan herramientas para esto. De manera general propone encontrarse, hacer grupos de trabajo, darse tiempo para mirarse, sororidad.

“Grandes avances de las mujeres y del mundo contemporáneo sería impensables sin la confabulación íntima de las mujeres. Mientras más íntima y más crítica, más contundente ha sido la acción política feminista creativa” (Íbid 67).

Por lo cual, aprovechad el verano para juntaros con vuestras amigas, madres, primas, hermanas, abuelas. Reíros, sentiros, cuestionaros y acogeros. Contribuid a que “cada mujer vaya elaborando sus propias opciones y alternativas de vida en correspondencia con sus claves vitales descifradas” (Íbid 69).

Para un primer “chequeo” de autoestima, de manera honesta con nosotras mismas, Lagarde propone hacerse estas preguntas:

  • ¿Qué constituye a elevar tu autoestima y qué a bajar tu autoestima?

  • ¿Qué cosas valoran las/os otras/os de tu persona y qué cosas señalan como defectos?

  • ¿Qué cosas valoras de tu persona y qué cosas te parecen defectos?

 

¡Ahora vete con tus sores y comparte!

Bibliografía:
Lagarde y de los Ríos, Marcela (2000). Claves Feministas para la autoestima de las mujeres. Madrid: horas y HORAS.
Gosling, Samuel D. et. al (2016). "Age and Gender diferences in Self-Esteem - A Cross-CulturaL Window". Journal of Personality and Social Psychology, vol 111, n.3, pp. 346-410

 

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