Mujeres y Yoga

Entrevista a la directora y profesora del centro de yoga Satya. Mónica Cambra Granados

Esta entrevista nace de nuestro amor al yoga y de nuestro interés en la vida de las mujeres.

  • Si yo te digo las palabras “mujeres” y “yoga”, ¿qué conexión haces entre ellas?

El yoga está muy vinculado a las mujeres en cuanto que es una forma que tenemos de sentirnos, de escucharnos, de amplificar nuestras cualidades como mujeres sabias, de soltar la tensión que a veces agarramos y no sabemos soltar, de volver a estar en un estado relajado, sin actividad, sin multitarea.

Sobre todo me conecta mucho a lo que sentimos que hay más allá y que de alguna forma intuimos, pero que hasta que no ponemos en orden todos esos pensamientos, emociones y emotividad, nos cuesta sentir y ver. Entrar en contacto conmigo a través del yoga.

  • ¿Podrías describir cuál es tu relación actual con el yoga?

Vivo con el yoga, vivo del yoga y vivo para hacer yoga. Yo soy la directora de una escuela de yoga en Castro Urdiales y además imparto ahí clases de yoga y meditación. Para mí el yoga y la meditación están íntimamente ligados. Para mí creo que la meditación es, desde mi punto de vista, lo que ancla el aprendizaje del yoga.

Para mí es muy importante vivir con coherencia aquello que enseño. No únicamente desde la mente sino desde la experiencia vivida, para mí vivir con yoga va mucho más allá que vivir del yoga. Y vivir del yoga es tener como horizonte los principios que el yoga nos traslada. Los principios de verdad, autenticidad, de no herir, de ser justas, de ser compasivos, de ser amorosos, primero hacia uno y después hacia el mundo.

Todo esto es importante en mi día a día y ahora que soy madre aún más. Porque es muy importante lo que se va integrando dentro de uno mismo y lo que vamos trasladando a las siguientes generaciones. Y más yo que tengo una niña y que para mí eso aún más importante trasladarle esa fe y ese conocimiento de sí misma, para que se ame siempre.

Imagen de Pixabay. Photos-Free
  • ¿Qué es lo que te aporta el yoga?

Me aporta tantas cosas… Me aporta serenidad, en un momento de mi vida en que estoy muy a flor de piel. Mis emociones brotan sin que yo a veces pueda poner filtro. Pero reconozco que, aunque es así, estoy mucho más tranquila que en otros periodos de mi vida.

Me aporta sobre todo horizonte, perspectiva. Es como una compañera de viaje. Me da un montón de herramientas que puedo utilizar en mi día a día. Tanto para parar mi pensamiento caótico en algunas ocasiones, para tomar consciencia de la grandeza de la vida, para permitirme entrar en mi pozo profundo porque también forma parte de mí. Incluso para empezar a abrazar esa parte que menos me agrada de mí misma y que tanto he rechazado durante mucho tiempo. Así que yo le estoy profundamente agradecida al yoga y a todas sus prácticas

  • Según tu experiencia, ¿asisten igual número de mujeres que de hombres a yoga? En caso de que la respuesta sea no, ¿podrías explicar por qué ocurre esto?

Según mi experiencia acuden muchas más mujeres que hombres. En mis clases, la clase que más hombres he tenido al mismo tiempo creo que han sido 3, de unas 10 mujeres, aproximadamente. Tanto en hombres jóvenes como mayores la proporción es baja.

Sí que es verdad que el yoga está teniendo mucho auge en el mundo del deporte. Los hombres deportistas se están incorporando al mundo del yoga a través de los beneficios que les aporta desde el punto de vista deportivo. Pero bueno, mi experiencia no es esa, mi experiencia es que siguen acudiendo muchas más mujeres.

¿Por qué?

Pues la verdad es que esto puede ser en base a mis juicios, pero yo creo que el yoga empezó a extenderse como una gimnasia suave, empezó a conceptualizarse en nuestro país como una gimnasia suave. Como algo que era para gente que no estaba nerviosa. Entonces, de alguna manera, los hombres no se sentían atraídos por algo tan pasivo, desde mi punto de vista es esto, eh?! Yo creo que cuando se han ido incorporando estilos de yoga más activos, más exigentes para el cuerpo, con menos hincapié en la meditación, en la emoción, los hombres se han sentido más cómodos. Pero, yo creo que es por el desconocimiento de lo que en realidad es el yoga, como conjunto.

Imagen Pixabay. MindBodySpritWorld

Y por otro lado, creo que las mujeres estamos más abiertas al mundo de la espiritualidad que los hombres en este momento actual. Y creo que esto también influye. Y determinados mensajes que se dan en clase de yoga a veces pueden hacer que los hombres dejen de venir si están acudiendo. Bueno, esa es un poco mi experiencia.

  • ¿Qué tienen en común las personas que van a yoga?

Yo creo que lo que tienen en común las personas que vienen a yoga es que dentro de sí mismas sienten que se puede estar mejor. No saben cómo definirlo. Hay personas que te dicen que quieren estar más tranquilas, otras personas que te dicen que quieren vivir sin dolor, otras personas te dicen que quieren aprender a parar su pensamiento, pero para mí el punto común es que saben que se puede estar mejor y creen que el yoga les puede ayudar.

  • ¿Podrías identificar algún patrón común de lo que buscan las mujeres en su primer acercamiento al yoga?

Una pauta común de las mujeres en su primer acercamiento, pues mira, quizás, no sé si esto ocurre en todos los centros o tipos de yoga, pero… en mi forma de impartir yoga me encuentro con mujeres que necesitan ser escuchadas, muchísimo.

Yo abro un espacio a que los alumnos expresen y compartan aquello que sienten en base a lo que estamos impartiendo ese día. Podemos hablar de amor propio, de emociones, de enfado, y me doy cuenta de que las mujeres sienten mucha soledad y que no tienen un espacio donde expresar lo que sienten a nivel profundo y no tienen una escucha activa por parte de los demás. No tienen una escucha sin juicios por parte de los demás. Mi experiencia es que necesitan esa escucha activa y sin juicios, sentir esa libertad de compartirse con lo que sienten.

  • ¿Puedes identificar algo que tienen en común las mujeres que van a yoga ya durante un tiempo?

Para mí la diferencia entre las mujeres que comienzan y las que llevan mucho tiempo, o las que llevan ya un tiempo, es que las primeras están en lucha interna, están enfadadas, noto mucho enfado. Cuando reciben los mensajes siento tensión en sus rostros. Incluso alguna que se atreve me intenta discutir el discurso de que no es posible vivir mejor, de que no es fácil, de que lo que digo está muy bien, pero eso llevarlo a la vida de cada una no puede ser.

Las que llevan ya un tiempo, siento que han ido integrando la responsabilidad en sus vidas, han ido transformándola han integrado este tipo de mensajes de amor propio y buscan su espacio. Buscan ese tiempo para sí mismas, para cuidarse, para mimarse. Ellas saben que les sienta bien y saben que se merecen sentirse bien. Entonces yo creo que van más allá de esa búsqueda de tranquilidad, o de expresión emocional o de escucha. Ya es algo más interno y propio. Y también es una forma de comunicarse consigo mismas, que me parece muy importante, ¿no?

  • ¿En qué piensas que ayuda el yoga a las mujeres?

Bueno, creo que podríamos recuperar un poco todo lo dicho anteriormente en cuanto a que es un espacio, desde mi punto de vista, donde poder conocerse sin clichés, escucharse, sentirse sin riesgo. Es también, desde mi punto de vista, una práctica psicofísica que no hace, por lo menos el yoga como yo lo entiendo, discriminación en función del cuerpo que tengas.

Es decir, el yoga lo puede hacer todo el mundo. Con un cuerpo fino, grueso, alto, bajo, con poca elasticidad, con mucha elasticidad, con las caderas anchas, con las caderas estrechas.

Imagen Pixabay. Shushipu

Yo siento, que a medida que las mujeres acuden a yoga se dan cuenta de este punto. Quizás al principio, pueden mirar y compararse tanto en cómo se hacen las posturas como en los cuerpos. Pero después, creo que la mirada es mucho más hacia dentro que hacia fuera, y eso siento que es muy nutritivo para nosotras como mujeres.

  • ¿Piensas que las mujeres transgreden algunos de los roles tradicionales tras su conexión con el yoga? ¿y los hombres?

Yo creo que en cierto modo sí. Por un lado, por esto que estoy diciendo. Esa mirada hacia el cuerpo ajeno y al cuerpo propio cambia. Porque pasamos de mirar el cuerpo como una mera forma estética a mirar el cuerpo como un vehículo que es interesante que esté sano para tener una vida agradable. Pienso que las mujeres que vienen regularmente a yoga van desarrollando un sentido de pertenencia al mundo que les rodea mucho más fuerte, mucho más seguro. Se plantean cuestiones que quizás han aprendido culturalmente y las ponen en duda, cosa que me parece muy interesante. Y sobre todo, esa escucha y esa expresión hace que puedan generar otros patrones de relación con otras mujeres. No tanto desde lo que está socialmente aceptado sino desde lo que cada una es en cada momento. Y eso me parece fascinante.

Y los hombres que vienen a yoga, pues también pienso que están transgrediendo los roles. Creo que están todavía en un lugar mucho más inicial que las mujeres. Pero creo que también están buscando que se despliegue la sensibilidad que tienen, sentirse, entrar en contacto con esas emociones que les han dicho que no podían sentir. Entrar en contacto con su vulnerabilidad. Escuchar lo que tiene que decir la mujer. No desde un punto de vista combativo sino constructivo. Bueno, creo que sí, creo que se transgreden ciertos roles, la verdad. Me parece muy interesante.

  • Cuando se habla de feminidad y masculinidad en el yoga, ¿qué significado tiene?

Cuando hablamos de feminidad y masculinidad en el yoga hablamos de aspectos energéticos y digamos que no van ligados a los hombres y las mujeres. Sino que desde el Hatha yoga, que es lo que yo practico y enseño, el ser humano es un ser integral con el aspecto masculino y femenino integrado en sí mismo.

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Tanto mujeres como hombres tienen ambos aspectos dentro de sí.

Me parece importante hacer hincapié en que los aspectos femeninos como la intuición, la sutileza el frío, lo abstracto no son exclusivos de las mujeres, ni siquiera a veces preponderantes.

Los aspectos masculinos, energéticamente hablando, como el aspecto lógico, el cálculo, lo racional, el calor, la acción, la toma de decisiones, no son exclusivamente de los hombres, ni siquiera preponderantemente de los hombres porque se denominen masculinas.

Lo importante de esta teoría es comprender que el yoga nos ayuda a equilibrar tanto los aspectos femeninos como los aspectos masculinos en cada uno. Porque desequilibrados no son saludables. Entonces es interesante tener una mirada hacia nosotros mismos con honestidad y ver qué aspectos estamos desarrollando más y cuáles estamos adormeciendo más.

Sin querer nuestra mente cuando hablamos de lo masculino y de lo femenino se va a lo establecido culturalmente por la mujer y para la mujer y por el hombre y para el hombre. Pero me parece importante darle esta vuelta nueva de tuerca y comprender que somos un todo y en todos está todo. Y es maravilloso que podamos ayudarnos a desarrollar lo que nos falta y lo que nos sobra mostrarlo.

  • ¿Algo más que quieras añadir sobre el tema?

Yo reconozco que a mí como mujer el yoga me ha ayudado mucho a establecer límites. A darme cuenta que ser buena persona no implica que permita a los demás tener más espacio que yo. Que permita a los demás cubrir sus necesidades antes que las mías. Sino que, puedo cuestionarme qué es ser buena persona, porque quizás me lo han trasladado y me han hecho creer desde lo que ellos sabían en su momento que era para que no molestase. Y sí que veo en mí esa construcción de lo que es asertiva de lo que es bueno para mí.

Cuando yo estoy bien, estoy tranquila, soy capaz de compartirme desde ese bien y desde esa tranquilidad. No tengo que compartir más, y no tengo que quedarme con más. Porque ya soy capaz de darme todo lo que necesito. Y ahí es donde me ayuda el yoga.

Si cada día paro, cada día me escucho, cada día respiro, cada día reacciono menos, y me hago más cargo de mis emociones. Si cada día soy capaz de darme cuenta del caos de mi pensamiento y a veces dejarlo estar u otras veces calmarlo voy construyendo el tipo de persona que quiero ser y que me hace feliz ser.

Así que muchas gracias por esta entrevista. Porque cuando me planteo estas cosas me hace conectar y darme cuenta con lo que está dentro de mí.

Imagen cedida por Mónica Cambra Granados

MUCHÍSIMAS GRACIAS POR ESTE COMPARTIR

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Experiencias con el DIU

Tras escuchar a varias mujeres hablar sobre sus experiencias con el DIU (Dispositivo Intrauterino), le propuse a algunas de ellas hacer una entrevista vía correo electrónico. A unas las conocía directamente, a otras llegué a través de las redes de amigas.

Contacté con ellas vía wassap o correo electrónico. De las 8 que contacté inicialmente, accedieron a hacer la entrevista 5, de las cuales finalmente me enviaron la entrevista 4. Como no podía hacer la entrevista personalmente, no había posibilidad de que se estableciera un diálogo, de que ellas me preguntaran. De manera que, como  en la entrevista se preguntaban cosas del denominado terreno «íntimo», decidí hacer yo misma la entrevista y enviarles a ellas la información. Fue una forma de establecer una relación más cercana y de compartir la intimidad. Me parecía una forma de equiparar el poder sobre la información. Sólo se les indicó que no la leyeran hasta ellas haber completado la suya, para no determinar sus respuestas con las mías.

Todas las participantes son mujeres-cis de 35-36 años. Todas tienen parejas estables, hombres, y todas están trabajando en el momento de realización de la entrevista. Una tiene estudios de ESO y tres de ellas tienen estudios universitarios. Las 4 han tenido embarazos y tres tienen hijos. Las cuatro viven en ciudades de más de 100.000 habitantes.

La entrevista se dividió en cinco apartados. Una primera parte en la que se recogían datos sociodemográficos e identitarios. Una segunda parte sobre el conocimiento y uso de anticonceptivos. Una tercera parte relacionada con el sexo, la sexualidad y las relaciones. Una cuarta parte relacionada con su experiencia personal sobre el DIU. Y al final un apartado abierto para dar su opinión sobre la entrevista y cómo se habían sentido haciéndola.

El objetivo de esta entrevista era mostrar las experiencias que estas mujeres han tenido con el DIU, y a través de ellas poner en evidencia algunas cuestiones y problemáticas relacionadas con el mismo.

Para conseguir el objetivo propuesto iré siguiendo el orden de las partes de la entrevista expuestas, y a partir de ahí iremos dibujando las diferentes reflexiones.

Como ya hemos perfilado al inicio los datos sociodemográficos, vamos a comenzar hablando del conocimiento y uso de anticonceptivos.

Anticonceptivos

En el momento de realización de la entrevista las cuatro mujeres llevaban puesto el DIU. De las 4 dos  usaban uno de cobre y dos llevaban puesto el hormonal.

Todas se definen como bien informadas en relación a los métodos anticonceptivos, aunque se pueden ver algunas incoherencias en las respuestas que pone de manifiesto que la información no es tan completa.

Cuando se pide que se enumeren los métodos anticonceptivos que se conocen, sólo una de las personas nombra los métodos no reversibles como la ligadura de trompas y la vasectomía. Son métodos anticonceptivos, aunque son NO reversibles.

Esta pregunta se planteó porque en muchas conversaciones con las mujeres ni siquiera se hablaba en la pareja de la opción de la vasectomía como un método anticonceptivo, irreversible, muy fácil de realizar y con poquísimos efectos secundarios. Sobre todo en situaciones en que podía ser un buen método de elección, parejas que ya tenían hijxs y no querían tener más.

También en este apartado hay una persona cuya respuesta es inespecífica “creo que todos”. Y dos de las tres nombran métodos naturales como anticonceptivos, más relacionados con el conocimiento de sus ciclos. Este tipo de métodos tampoco se fomentan mucho ni hay una educación muy extendida sobre los mismos. Puede ser una buena elección para combinarse con otros, y sobre todo son una buena forma de conocimiento del propio cuerpo.

En relación a la obtención de la información de los métodos anticonceptivos tres nombran al personal sanitario como fuente de información, específicamente a ginecología. Aunque tres de ellas nombran a las amigas también como informantes. A pesar de ello, cuando se les pregunta el tipo de DIU que hay en el mercado, se dan respuestas inespecíficas, “me parece que…” “creo que…”, “si” (dice que los conoce pero no sabemos cuáles). Sólo una persona especifica los DIU sobre los que la informaron.

Esto me llevó a preguntarme qué tipo de información se ha dado. Si todas se han puesto el DIU, y a todas se les ha explicado las opciones, las ventajas y desventajas de cada uno (se supone esto está en los protocolos), cómo es que no hay un conocimiento más exacto. Lo primero que pienso es en el tipo de información que se les proporciona.

Me planteo esto porque en este apartado se ha visto la incoherencia de afirmar que se pone el DIU por no tomar hormonas, y tener puesto un DIU con hormonas/Mirena®. Aunque hemos de contemplar también un error en la respuesta, en muchas de mis conversaciones y en videos de you tube que hablan sobre la experiencia del DIU, se puede ver con frecuencia esta confusión. También puede estar relacionado con la cantidad de hormonas, y  el hecho de que sea una exposición «localizada» (a diferencia de las pastillas anticonceptivas), de ahí que no se relaciones con la idea de «hormonarse».

Sexo, Sexualidad y relaciones

Este apartado se creó con la idea de conocer qué relación tenían con su sexualidad y con la sexualidad compartida. Debido a que partimos de la idea de que cuando más normalizada y tranquila se vive la sexualidad, se habla de ella, cuando la persona se conoce y se expresa, más fácil es la elección de un método enticonceptivo adecuado.

De las cuatro, tres de ellas manifestaron que se sienten cómodas hablando de su sexualidad. Las cuatro afirmaron tener conversaciones sobre sexualidad y sus relaciones con otras personas. Temas relacionados con sus sentimientos, sus prácticas sexuales, y un tema que aparece es el del proceso de quedarse embarazadas y todo lo que ocurre posteriormente con la sexualidad.

En esta entrevista no se han realizado preguntas específicas relacionadas con el embarazo. Aun así, en las conversaciones entre mujeres he podido escuchar en varias ocasiones que es un poco “tema tabú”. No se habla fuera de círculos de embarazadas. Es difícil que se hable claramente si se están teniendo dificultades para lograr el embarazo y mucho más si esa dificultad viene por alguna alteración que se produzca en el cuerpo del hombre. Este sería otro tema en el que se podría profundizar.

Uno de los puntos que veo más interesante aquí es que todas ellas manifiestan tener una relación en la que hablan con tranquilidad con su pareja sobre sus prácticas sexuales, sobre lo que les gusta o no. En el momento de la entrevista todas tenían pareja estable y todas habían tenido algún embarazo.

Ante esto, lo que queremos destacar es que dos de ellas habían planteado la vasectomía como método anticonceptivo. Se desestimó porque ellos no querían realizarla. Aunque, hemos de dejar claro que no se ha preguntado sobre su deseo futuro de tener más criaturas. Sólo se puntualiza esto para poner en evidencia que ni siquiera se considera como una opción. Tampoco la ligadura de trompas.

Mi experiencia con el DIU

De las 4 personas entrevistadas, las tres que tienen criaturas decidieron ponerse el DIU tras su último embarazo. El DIU como método para mujeres que ya tienen hijas e hijos es una de las recomendaciones que se encuentra en los protocolos sanitarios.

Por otro lado, otras razones que son expuestas son: el no tomar hormonas y no tener que estar atenta al uso de preservativo, diafragma u otro método como las pastillas en el momento de las relaciones o antes.

En relación a este último motivo, nos preguntamos porqué la preferencia del DIU ante, por ejemplo, el implante hormonal intradérmico. Puede estar relacionada con la posibilidad de perder la menstruación tras después de un año (aunque esto también pasa en ocasiones con el DIU hormonal). También con su coste (para el sistema de salud y las personas) o con la preferencia que tenga el sistema de salud en su asesoramiento, entre otras muchas. Esto abriría otras cuestiones que no abordaremos aquí, aunque queremos señalar, y es la popularidad de unos métodos frente a otros. ¿Porqué el diafragma tienen menos popularidad que las hormonas? ¿Es al diafragma más saludable que las hormonas? ¿Por qué el DIU tiene más popularidad que los implantes? ¿Qué influencia tiene el sistema de salud y los profesionales en la elección de métodos anticonceptivos y en el buen uso de los mismos?

 

Aquí queremos hacer otro alto en lo relacionado con el proceso de elección. Pues planteamos la pregunta de si era una decisión individual o de pareja. Aquí, en todos los casos se afirmó que fue de pareja, aunque la idea del DIU se les ocurrió a ellas. Dos de las mujeres plantearon la vasectomía como opción y en ambos casos se desestimó porque ellos no querían. Y aquí se me quedan siempre en el aire preguntas como ¿y si ahora ellas tampoco ellas quieren DIU u hormonas? ¿Y si también se quiere dejar de usar preservativo? ¿Cómo son las negociaciones?

Es una realidad que la mayoría de los métodos anticonceptivos que se han investigado y creado han sido enfocados a los cuerpos femeninos. Este sería otro campo a reflexionar. Aquí lo que queremos apuntar es el hecho de el peso que tienen las tradiciones, los mitos, los privilegios y el poder. Estas abstracciones tienen su materialización en las negociaciones entre las personas.

 

Cuando se aborda el proceso informativo hasta la colocación del DIU, quisiera resaltar dos cosas. Por un lado, afirman que se les explican varios métodos y ellas eligen, o bien si iban con la elección, se les explica el funcionamiento. Por otro lado, una de ellas afirma que el DIU es un método mecánico. Esta información puede llevar a confusión. Pues es mecánico, y además si lleva cobre u hormonas también tiene otros mecanismos de acción. Los que no llevan nada serían los DIUs inertes, y apenas se ponen.

Lo que quiero señalar con esto es que en muchas ocasiones y por lo que he podido escuchar y ver sobre experiencias con el DIU, hay bastante confusión con los tipos de DIU, y los efectos que producen, su modo de actuación.

Por otro lado, todas las entrevistadas señalan la buena relación establecida con la persona que les puso el dispositivo. Desde que se fueron a informar hasta que se lo introdujeron hubo unas 2-3 visitas médicas. Aunque, la sensación con el personal sanitario fue buena, al ahondar más se pone en evidencia una comunicación no muy profunda. A pesar de lo cual ellas se sentían seguras antes del día de la inserción. Vemos esta falta de comunicación efectiva, por ejemplo, en que a una de ellas tras la inserción (con lo que le haboaron después de ponérselo) y lectura del consentimiento informado (dado el mismo día) se enteró de efectos secundarios que  no sabía.

El día de la inserción dos personas pusieron en evidencia que estaban nerviosas, otras dos tranquilas. Tres de ellas fueron solas y una acompañada de su pareja. Cuando se les pregunta si fue su elección ir solas, dos afirman que fueron solas por las circunstancias (compañeros trabajando o con lxs niñxs) y una por elección.

La atención prestada ha sido descrita por un lado mecánica y por otro, humana. Aunque cuando se pide la descripción del procedimiento, las descripciones varían. Desde no decir nada, sólo lo que ponía en el consentimiento informado para que lo leyera, hasta el explicarlo mientras lo hacían.

En dos de los casos se pone de manifiesto que lo que esperaban que pasara no pasó. Se expresa en todos los casos malestar durante la inserción, descrito como molestias en dos casos, uno de ellos con leve sensación de mareo. En las otras dos se señala como un dolor que para nada esperaban, intenso. Y esta es una de las partes que todas las mujeres con las que he hablado ponen en evidencia.

El dolor que se produce durante la inserción, cómo se sienten al estar personas “trasteando” (como una lo describe) en su vagina y útero. Sensaciones de nerviosismo y dolor se describen tras la inserción. Así como desconcierto, incredulidad, incomodidad, dolor e incluso culpabilidad. Sólo una persona señala que no sintió nada que especialmente llamara su atención (para ella era su tercer DIU).

*Aquí os dejamos un video "muy médico" para que veis el enfoque que se da desde la medicina, cómo se enseña a su inserción, y cuál es el proceso médico por el que pasan las mujeres en el momento de la inserción.

Tras la inserción tres sintieron dolores, descritos como dolores menstruales fuertes e incómodos, pinchazos. Solo una persona no tuvo molestias (con experiencia previa de DIU). A estos dolores se le unen emociones de malestar, negativos, necesidad de cuidados.

Los efectos secundarios que describen varían. Aunque los DIUs que llevan puestos son diferentes, cobre y hormonas, al principio dos describen molestias que han ido desapareciendo. Una habla de calambres y dolores durante la regla, mantiene el malestar, por lo que valora la posibilidad de quitarlo. Las revisiones posteriores se hicieron: tres al mes, y una a los 6 meses. Sólo una señala que se le ha indicado una revisión al año.

Como valoración general dos personas lo valoran negativamente, no lo volverían a usar ni lo recomendarían y otras dos lo valoran positivamente, lo volverían a usar y lo recomendarían.

En los casos positivos, están contentas con la comodidad, la despreocupación y la disminución de la cantidad de regla y dolor (esto sólo en el caso de la que lleva un DIU hormonal, ya que eso es debido al efecto de las hormonas). Se describe la experiencia con las palabras tranquilidad y buena. Un alto grado de satisfacción.

En los casos negativos, se ponen muy de relevancia las molestias físicas en la introducción y posteriores. Se describe la experiencia como traumática, engaño y violenta.

El cierre

Al final de la entrevista, se da la opción de añadir algo más, y una de las personas añade algo que me parece relevante pues lo he escuchado más veces, literalmente ella plantea:

“Creo que nos venden la burra, aún resuena en mi cabeza lo de 5 años de tranquilidad, eso es un momento, después de parir no es nada… que sí, que el parto es otra cosa pero no vale, decir las cosas claras y a las amigas lo mismo, no se habla de verdad de las cosas, no vale decir ‘si bien’ cuando luego te lo pones y le preguntas a la misma persona y te dice ‘hombre pues sí, duele, es incómodo…’ Pero lo del sistema sanitario es lo peor, de palabra todo maravilloso y por escrito y a posteriori las consecuencias.”

De esta parte quisiera rescatar también algo que se pone de manifiesto durante la entrevista por las dos personas que han tenido la experiencia más negativa. En diferentes momentos ponen en evidencia las “bromas y/o comentarios” que el personal sanitario hace con ellas en relación al embarazo y el dolor. Por un lado, una de ellas cuando les demanda información sobre el dolor al colocarlo le dicen que “si ya has parido esto no es nada en comparación” (lo vemos en la cita pero se repite en otras respuestas, evidencia del impacto en la persona). Y a otra, cuando finalizó la inserción le dijeron que el dolor que había tenido lo podía haber evitado tomando antes un ibuprofeno o diazepam, cosa que nadie le avisó. Y le dijeron que “cuando tuviera que parir que no contara con ellos”.

Estas dos experiencias especialmente quiero remarcarlas, así como la información que nos da la cita porque son sensaciones que he escuchado en muchas ocasiones. El no hablar claro de lo que pasa, lo bueno y lo malo. Maquillar las experiencias o sólo contar una parte.

Por otro lado, el ninguneo que se hace en muchas ocasiones con las mujeres en relación al dolor y a la manifestación del mismo, al parto y al embarazo.  O relacionados con la menstruación o con alguna alteración ginecológica. Todo esto se nombra como violencia obstétrica y está muy invisibilizada. Aquí se abre otro tema sobre el que escribiremos más adelante.

Como he dicho al inicio, el DIU y las experiencias de las mujeres con el mismo es un o de los temas que me sorprende por varias razones: no se habla mucho de ello, cuando se habla se dice lo bueno, cuando se ahonda se ven experiencias traumáticas, no se plantea la vasectomía aunque pudiera ser menos invasiva que el DIU, no se da una información completa ni un cuidado holístico.

¿Habéis tenido experiencias con el DIU? ¿Cómo han sido? ¿Qué deficiencias habéis detectado en el Sistema Sanitario? ¿Qué ventajas os ha reportado el uso del DIU?

 

Día Internacional de la Niñas

11 de Octubre es el Día Internacional de las Niñas, y aprovechamos para añadir a la visibilización de la necesidad de cuidado de la niña interior que encontramos en las adultas.

El 11 de Octubre se celebra el Día Internacional de las Niñas. Este día fue establecido en 2011 por las Naciones Unidas, con el objetivo es sensibilizar, visibilizar y llamar la atención sobre las especiales vulneraciones de derechos a que se ven expuestas las niñas.

Este día quiere poner énfasis sobre la feminización de la pobreza, la necesidad de aumentar el acceso a la educación de las niñas. Así como sobre las diferentes violencias que sufren las niñas, por el hecho de ser niñas. Los casamientos obligatorios en la infancia,  las ablaciones, las diferentes violencias sexuales, así como la trata, son algunas de las realidades diarias de muchas niñas a nivel mundial.

Aunque estas son las situaciones más impactantes. En el cotidiano de países tanto empobrecidos como más ricos, muchas niñas se desarrollan en sistemas que las limitan. Sistemas que las sexualizan, que las enseñan a ser “buenas, limpias, señoritas”, a ser para los otros, a perderse en el complacer.  Se limita su creatividad y se las enseña a cosas como “esperar el príncipe azul”. Esas niñas, están todavía dentro de las mujeres adultas.

Por esto, en este día, queremos llamar la atención también de las niñas que están en el interior de las mujeres adultas. Nos gustaría aprovechar este día para hacer un llamamiento a escuchar, y cuidar a nuestra niña interior. Esa niña muchas veces habla, sale pataleando, pidiendo amor. En muchas ocasiones se tapa porque molesta, no se le hace caso. Aun así, se manifiesta en inseguridades y falta de autoestima.

Muchas de las violencias del tipo que sea que impactan cuando niñas, permanecen en el interior y sus resonancias aparecen en nuestra vida adulta. Puede que no haya sido nada que “objetivamente” nos agrediera, sino que ha tenido un impacto emocional por como nosotras lo hemos vivido.

Volver la mirada a las emociones de nuestra niña interior. Y de esto nos habla Natalie Idoeta , la cual nos da algunas claves a la hora de mirar hacia la niña interior. Esas claves pasan por prestar atención a las emociones que esa niña reprimió. Algunas preguntas que nos proporciona para mirar al interior:

  • ¿Qué creencias había en tu medio familiar y social sobre las emociones en tu infancia?
  • ¿Qué sucedía cuando te enfadabas?
  • ¿O cuando llorabas por qué estabas triste?
  • ¿O cuando te mondabas de risa?
  • ¿Se permitían las emociones? ¿Cómo sabías que se permitían?
  • ¿Se castigaban las emociones? ¿Cómo?

De esta manera, hoy el día de las niñas queremos dedicarlo a todas las niñas que están en su etapa de niñez, y a todas las niñas que están en el interior de mujeres adultas, emocionalmente dañadas.

Cuidemos a las niñas.

El DIU, ¿tú lo llevas puesto?

“En lo que respecta a la energía, el útero está relacionado con el sentido de la identidad más íntimo de la mujer y con su mundo interior. Simboliza sus sueños y los yoes a los que le gustaría dar a luz. La salud del útero refleja la realidad emocional interior de la mujer y su fe en sí misma en el grado más profundo.” (Northrup 2010, 232)

En diferentes conversaciones con mujeres relacionadas con los anticonceptivos usados ha salido el tema del DIU (Dispositivo Intrauterino). Al hablar del mismo, se han manifestado malestares que se repetían en diferentes mujeres, con diversas características y en varios momentos.

Estos malestares estaban relacionados con el dolor y molestias que genera su inserción y los días posteriores. La impresión que dejaba en ellas se expresaba en frases como : “si yo llego a saber esto, no me lo pongo”,  “no lo recomendaría”, “no me dieron esta información”.

Son malestares que muestran,  por ejemplo, en un  déficit de información  sobre el DIU. Se «vende» como uno de los métodos más “cómodos” para ciertos grupos de mujeres. Con el DIU no hay que preocuparse del embarazo, no es necesario estar pendiente durante las relaciones o cada día  tomar una pastilla. Ofrece la posibilidad de no hormonarse, y sólo hay que insertarlo y cuando acabe su periodo de actividad, retirarlo. La realidad vivenciada por las mujeres, en ocasiones, no responde a las beneficiosas historias sobre su uso.  Hay veces que ellas  viven una agresión a sus cuerpos, sienten que eso  no era lo que ellas habían consentido.

Mi experiencia como enfermera ha hecho que varias mujeres me hablaran de cuestiones relacionadas con el DIU. Las conversaciones que he tenido a lo largo del tiempo me llevaron a plantearme muchas preguntas.

En primer lugar, me pregunté si sabían realmente lo que se ponían y los riesgos que ello conllevaba.

En segundo lugar, veía que la mayoría de las mujeres que se lo habían puesto ya tenían criaturas, y no quería tener más. De manera que, no entendía porqué la vasectomía no aparecía ni siquiera en las conversaciones al hablar de las posibilidades que vieron antes de ponerse el DIU.

En tercer lugar, cuando me explicaban los síntomas y sus experiencias me preguntaba si se tienen en cuenta las emociones de las mujeres en todo este proceso. La información, la asistencia, el apoyo en relación a los dolores que se presentan. Varias de las mujeres con las que he hablado han tenido dolores en algún momento. Al principio, cuando comenzamos a hablar los niegan, pero cuando les comparto lo que me han dicho otras mujeres, afirman cosas como “ah si, a mí eso también me paso, no fue mucho, pero sí que me dolió en ese momento”. Aquí me cuestionaba sobre la tolerancia al dolor de las mujeres, y sobre contar realmente que les duele, los silencios. Muchas veces hay que hacer “como si nada pasase”, porque poner un DIU es algo rutinario, pues es “supuestamente fácil y normal”, no hay un “permiso” para la expresión del dolor.

“El abuso en la asistencia sanitara […] es un área bastante nueva y complicada de investigación.” (Valls-Llobet 2009, 367)

“La falta de empatía se ha descrito como una forma brusca, ruda y amenazante de imponer los tratamientos, que puede incluso evocar sensaciones de malestar y terror por parte de las pacientes. Se han conocido ejemplos diversos, como el de un ginecólogo que, ante las dificultades que tenía para realizar un examen, gritó a la paciente que por qué contraía la vagina, pues no podía realizar la exploración como él deseaba.” (Valls-Llobet 2009, 377)

En cuarto lugar, casi todas las mujeres con las que he hablado ponen de manifiesto que usan el DIU porque “no les queda otra”. Sino quieren tomar hormonas (en caso que el DIU sea de cobre), estar pendientes de pastillas cada día, o usar preservativo (este rechazo está más relacionado con el rechazo de la pareja-hombre), pues lo que queda es el DIU. Y me preguntaba si no se aborda el uso de anticonceptivos desde la pareja, y sólo se vive como algo individual. Y en caso de no tender pareja, cómo viven las mujeres el que todos los métodos anticonceptivos temporales, excepto el preservativo masculino, estén focalizados en ellas.

“Los anticonceptivos hormonales supusieron en los años 60 del pasado siglo un recurso imprescindible para las mujeres que deseaban planificar sus embarazos. Asumían su responsabilidad, las consecuencias que pudieran tener en su propia biología, la disminución de la libido para muchas, y como decían algunos ginecólogos de la época, «dado que son las mujeres que quedan embarazadas, son ellas las que han de tomar precauciones, no nosotros»” (Valls-Llobet 2009, 144)

De forma que, con todas estas cuestiones me he puesto a leer, escuchar y revisar. He entrevistado a 4 mujeres, con algunas de las cuales ya había tenido conversaciones informales sobre el tema. Además, estoy haciendo una revisión bibliográfica sobre el DIU y la vasectomía.

Con todo lo que estoy encontrando, quiero compartiros en próximas semanas algunas experiencias sobre el DIU y dar luz a las cuestiones que me he ido planteando durante este tiempo.

Ante este tema, me quedo con una frase que leí en Facebook cuya autoría no recuerdo, “si las mujeres son fértiles sólo de 3-5 días al mes y los hombres los 365 días del año, ¿por qué son ellas las que tienen que usar principalmente métodos anticonceptivos?”

La respuesta más directa que se da ante esta pregunta se relaciona con los embarazos, las mujeres son las que tienen la posibilidad de quedarse embarazadas, como vemos en la cita de Carmen Valls-Llobet, es lo que se afirma en muhas ocasiones. Y aquí ya podemos entrar en todo lo que conlleva socialmente esa posibilidad y lo que se ha construido alrededor de ella.

Cada mujer puede elegir el método que más le convenga y que desee, es su elección. Para realizar esa elección deben contar con toda la información pertinente.

 

Northrup, Christiane (2010). Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Una guía para la salud física y emocional. Ediciones Urano. Barcelona
Valls-Llobret, Carmen (2009). Salud, cuerpo y género.

Equilibristas. Dar, tomar, devolver

En varias ocasiones he escuchado a mujeres nombrándose como “equilibristas”. Por un lado, hacen equilibrios para sacar adelante todo lo que han de hacer o de lo que se responsabilizan. Por otro, en muchas ocasiones, restablecen el equilibrio en espacios como el hogar.

Cuando escribimos sobre el artículo de Matxalen Legarreta en relación al tiempo donado, explicaba que el tiempo del trabajo doméstico y de cuidados tenía unas características especiales. Para analizarlas hacía uso de la teoría del don (de Mauss) y hablaba de que el don se instauraba en el dar, recibir y devolver.

La ruptura de ese ciclo, pone de manifiesto los desequilibrios que existen. En los tiempos, en los hogares, en las personas que viven en ellos.

Ahora queremos conectar esto con la perspectiva que propone Joan Garriga en su libro “El buen amor en la pareja”. En este libro encontramos un capítulo que titula “El equilibrio entre el dar y el tomar”. Y aunque, en este momento no nos interese focalizarnos en la idea de la pareja, lo que propone nos parece conecta con lo que Legarreta planteaba en relación al trabajo doméstico y de cuidados.

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