«Hogares» a cambio de risas

Cuando reía todo lo de alrededor vibraba con ella. Nadie podía resistirse a su risa. Algunas se reían con ella, otras la miraban tratando de contener el mensaje activo en sus mentes de “ésta está loca”, otras sonreían con envidia de su gran energía. Nadie quedaba indiferente ante su risa.

 

Era un otoño frío, aun así, el día de su boda llevaba un vestido sin mangas, blanco, muy blanco. Puro, muy puro. Sus dos hijos la seguían a todos lados. Uno de ellos no paraba de llorar.

Al día siguiente todo siguió su curso. Valoración de la fiesta, apertura de regalos, sobres y vuelta a cambiar pañales.

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