Fumándose la vida

 

Ella me recibió en la boca del metro con su cigarro en la mano, anorak negro abultado protegiéndola del frío y unas modernas zapatillas recién estrenadas, a la última moda.

Su pelo recogido en una cola de caballo que caía sobre su espalda le daba un aire juvenil y a la vez una madurez interesante de mujer de revista. La seguí hasta su portal mientras hablábamos de su nueva experiencia maternal.

Ya era madre de un niño. Aun así,  este era el primer embarazo que consideraba conscientemente elegido, con todo lo que ello traía consigo. Por un lado, el reconocimiento de las circunstancias y decisiones sobre el embarazo anterior, y por otro,  la aceptación de la situación actual en la que había afirmado este. Esto lo consideré como una gran hazaña, ya que era un salto en la trayectoria de su historia de vida.

La vivencia de este momento le había permitido ver nuevas formas de embarazo y había identificado vivencias, contextos, circunstancias, deseos, anhelos, etc., que estaban allí y que hicieron de esa vivencia algo único, dotada de ciertas características que había que mirar.

La sensación de impersonalidad, aislamiento y frialdad me llegaba de fuera. Me la trasmitía ese barrio aislado de la periferia catalana en el que se encontraba el hogar que me acogería. Tras pasar el patio “chic” con piscina comunitaria, subimos a su hogar. Allí nos recibió un silencioso parquet, cuadros y sofás grisáceos de última tendencia. El padre acunaba al hijo cuando ella lo cogió para acostarlo mientras yo comía un bocadillo de jamón.

Volvió con aires de matriarca, gestora de su hogar y de su familia, rebelde nocturna cigarro en mano.  Me encantó verla, llegar a esa casa familiar y encontrarme en un lugar en el que se respetaba mi espacio y me mostraban el suyo.

Al día siguiente en  nuestro bis a bis pude ver sus miedos y sus alegrías, nuevas miradas hacia otros lugares. La incomprensión de la economía doméstica  – y con ella la de los afectos-, las decisiones personales y las posibilidades de cambios. Mujer atravesada por limitaciones relacionadas con la maternidad,  la economía, y  los conflictos propios de su existir como humana, en un mundo aparentemente ordenado.

 

Día Internacional de la Niñas

11 de Octubre es el Día Internacional de las Niñas, y aprovechamos para añadir a la visibilización de la necesidad de cuidado de la niña interior que encontramos en las adultas.

El 11 de Octubre se celebra el Día Internacional de las Niñas. Este día fue establecido en 2011 por las Naciones Unidas, con el objetivo es sensibilizar, visibilizar y llamar la atención sobre las especiales vulneraciones de derechos a que se ven expuestas las niñas.

Este día quiere poner énfasis sobre la feminización de la pobreza, la necesidad de aumentar el acceso a la educación de las niñas. Así como sobre las diferentes violencias que sufren las niñas, por el hecho de ser niñas. Los casamientos obligatorios en la infancia,  las ablaciones, las diferentes violencias sexuales, así como la trata, son algunas de las realidades diarias de muchas niñas a nivel mundial.

Aunque estas son las situaciones más impactantes. En el cotidiano de países tanto empobrecidos como más ricos, muchas niñas se desarrollan en sistemas que las limitan. Sistemas que las sexualizan, que las enseñan a ser “buenas, limpias, señoritas”, a ser para los otros, a perderse en el complacer.  Se limita su creatividad y se las enseña a cosas como “esperar el príncipe azul”. Esas niñas, están todavía dentro de las mujeres adultas.

Por esto, en este día, queremos llamar la atención también de las niñas que están en el interior de las mujeres adultas. Nos gustaría aprovechar este día para hacer un llamamiento a escuchar, y cuidar a nuestra niña interior. Esa niña muchas veces habla, sale pataleando, pidiendo amor. En muchas ocasiones se tapa porque molesta, no se le hace caso. Aun así, se manifiesta en inseguridades y falta de autoestima.

Muchas de las violencias del tipo que sea que impactan cuando niñas, permanecen en el interior y sus resonancias aparecen en nuestra vida adulta. Puede que no haya sido nada que “objetivamente” nos agrediera, sino que ha tenido un impacto emocional por como nosotras lo hemos vivido.

Volver la mirada a las emociones de nuestra niña interior. Y de esto nos habla Natalie Idoeta , la cual nos da algunas claves a la hora de mirar hacia la niña interior. Esas claves pasan por prestar atención a las emociones que esa niña reprimió. Algunas preguntas que nos proporciona para mirar al interior:

  • ¿Qué creencias había en tu medio familiar y social sobre las emociones en tu infancia?
  • ¿Qué sucedía cuando te enfadabas?
  • ¿O cuando llorabas por qué estabas triste?
  • ¿O cuando te mondabas de risa?
  • ¿Se permitían las emociones? ¿Cómo sabías que se permitían?
  • ¿Se castigaban las emociones? ¿Cómo?

De esta manera, hoy el día de las niñas queremos dedicarlo a todas las niñas que están en su etapa de niñez, y a todas las niñas que están en el interior de mujeres adultas, emocionalmente dañadas.

Cuidemos a las niñas.

«Hogares» a cambio de risas

Cuando reía todo lo de alrededor vibraba con ella. Nadie podía resistirse a su risa. Algunas se reían con ella, otras la miraban tratando de contener el mensaje activo en sus mentes de “ésta está loca”, otras sonreían con envidia de su gran energía. Nadie quedaba indiferente ante su risa.

 

Era un otoño frío, aun así, el día de su boda llevaba un vestido sin mangas, blanco, muy blanco. Puro, muy puro. Sus dos hijos la seguían a todos lados. Uno de ellos no paraba de llorar.

Al día siguiente todo siguió su curso. Valoración de la fiesta, apertura de regalos, sobres y vuelta a cambiar pañales.

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