Mujeres y Yoga

Entrevista a la directora y profesora del centro de yoga Satya. Mónica Cambra Granados

Esta entrevista nace de nuestro amor al yoga y de nuestro interés en la vida de las mujeres.

  • Si yo te digo las palabras “mujeres” y “yoga”, ¿qué conexión haces entre ellas?

El yoga está muy vinculado a las mujeres en cuanto que es una forma que tenemos de sentirnos, de escucharnos, de amplificar nuestras cualidades como mujeres sabias, de soltar la tensión que a veces agarramos y no sabemos soltar, de volver a estar en un estado relajado, sin actividad, sin multitarea.

Sobre todo me conecta mucho a lo que sentimos que hay más allá y que de alguna forma intuimos, pero que hasta que no ponemos en orden todos esos pensamientos, emociones y emotividad, nos cuesta sentir y ver. Entrar en contacto conmigo a través del yoga.

  • ¿Podrías describir cuál es tu relación actual con el yoga?

Vivo con el yoga, vivo del yoga y vivo para hacer yoga. Yo soy la directora de una escuela de yoga en Castro Urdiales y además imparto ahí clases de yoga y meditación. Para mí el yoga y la meditación están íntimamente ligados. Para mí creo que la meditación es, desde mi punto de vista, lo que ancla el aprendizaje del yoga.

Para mí es muy importante vivir con coherencia aquello que enseño. No únicamente desde la mente sino desde la experiencia vivida, para mí vivir con yoga va mucho más allá que vivir del yoga. Y vivir del yoga es tener como horizonte los principios que el yoga nos traslada. Los principios de verdad, autenticidad, de no herir, de ser justas, de ser compasivos, de ser amorosos, primero hacia uno y después hacia el mundo.

Todo esto es importante en mi día a día y ahora que soy madre aún más. Porque es muy importante lo que se va integrando dentro de uno mismo y lo que vamos trasladando a las siguientes generaciones. Y más yo que tengo una niña y que para mí eso aún más importante trasladarle esa fe y ese conocimiento de sí misma, para que se ame siempre.

Imagen de Pixabay. Photos-Free
  • ¿Qué es lo que te aporta el yoga?

Me aporta tantas cosas… Me aporta serenidad, en un momento de mi vida en que estoy muy a flor de piel. Mis emociones brotan sin que yo a veces pueda poner filtro. Pero reconozco que, aunque es así, estoy mucho más tranquila que en otros periodos de mi vida.

Me aporta sobre todo horizonte, perspectiva. Es como una compañera de viaje. Me da un montón de herramientas que puedo utilizar en mi día a día. Tanto para parar mi pensamiento caótico en algunas ocasiones, para tomar consciencia de la grandeza de la vida, para permitirme entrar en mi pozo profundo porque también forma parte de mí. Incluso para empezar a abrazar esa parte que menos me agrada de mí misma y que tanto he rechazado durante mucho tiempo. Así que yo le estoy profundamente agradecida al yoga y a todas sus prácticas

  • Según tu experiencia, ¿asisten igual número de mujeres que de hombres a yoga? En caso de que la respuesta sea no, ¿podrías explicar por qué ocurre esto?

Según mi experiencia acuden muchas más mujeres que hombres. En mis clases, la clase que más hombres he tenido al mismo tiempo creo que han sido 3, de unas 10 mujeres, aproximadamente. Tanto en hombres jóvenes como mayores la proporción es baja.

Sí que es verdad que el yoga está teniendo mucho auge en el mundo del deporte. Los hombres deportistas se están incorporando al mundo del yoga a través de los beneficios que les aporta desde el punto de vista deportivo. Pero bueno, mi experiencia no es esa, mi experiencia es que siguen acudiendo muchas más mujeres.

¿Por qué?

Pues la verdad es que esto puede ser en base a mis juicios, pero yo creo que el yoga empezó a extenderse como una gimnasia suave, empezó a conceptualizarse en nuestro país como una gimnasia suave. Como algo que era para gente que no estaba nerviosa. Entonces, de alguna manera, los hombres no se sentían atraídos por algo tan pasivo, desde mi punto de vista es esto, eh?! Yo creo que cuando se han ido incorporando estilos de yoga más activos, más exigentes para el cuerpo, con menos hincapié en la meditación, en la emoción, los hombres se han sentido más cómodos. Pero, yo creo que es por el desconocimiento de lo que en realidad es el yoga, como conjunto.

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Y por otro lado, creo que las mujeres estamos más abiertas al mundo de la espiritualidad que los hombres en este momento actual. Y creo que esto también influye. Y determinados mensajes que se dan en clase de yoga a veces pueden hacer que los hombres dejen de venir si están acudiendo. Bueno, esa es un poco mi experiencia.

  • ¿Qué tienen en común las personas que van a yoga?

Yo creo que lo que tienen en común las personas que vienen a yoga es que dentro de sí mismas sienten que se puede estar mejor. No saben cómo definirlo. Hay personas que te dicen que quieren estar más tranquilas, otras personas que te dicen que quieren vivir sin dolor, otras personas te dicen que quieren aprender a parar su pensamiento, pero para mí el punto común es que saben que se puede estar mejor y creen que el yoga les puede ayudar.

  • ¿Podrías identificar algún patrón común de lo que buscan las mujeres en su primer acercamiento al yoga?

Una pauta común de las mujeres en su primer acercamiento, pues mira, quizás, no sé si esto ocurre en todos los centros o tipos de yoga, pero… en mi forma de impartir yoga me encuentro con mujeres que necesitan ser escuchadas, muchísimo.

Yo abro un espacio a que los alumnos expresen y compartan aquello que sienten en base a lo que estamos impartiendo ese día. Podemos hablar de amor propio, de emociones, de enfado, y me doy cuenta de que las mujeres sienten mucha soledad y que no tienen un espacio donde expresar lo que sienten a nivel profundo y no tienen una escucha activa por parte de los demás. No tienen una escucha sin juicios por parte de los demás. Mi experiencia es que necesitan esa escucha activa y sin juicios, sentir esa libertad de compartirse con lo que sienten.

  • ¿Puedes identificar algo que tienen en común las mujeres que van a yoga ya durante un tiempo?

Para mí la diferencia entre las mujeres que comienzan y las que llevan mucho tiempo, o las que llevan ya un tiempo, es que las primeras están en lucha interna, están enfadadas, noto mucho enfado. Cuando reciben los mensajes siento tensión en sus rostros. Incluso alguna que se atreve me intenta discutir el discurso de que no es posible vivir mejor, de que no es fácil, de que lo que digo está muy bien, pero eso llevarlo a la vida de cada una no puede ser.

Las que llevan ya un tiempo, siento que han ido integrando la responsabilidad en sus vidas, han ido transformándola han integrado este tipo de mensajes de amor propio y buscan su espacio. Buscan ese tiempo para sí mismas, para cuidarse, para mimarse. Ellas saben que les sienta bien y saben que se merecen sentirse bien. Entonces yo creo que van más allá de esa búsqueda de tranquilidad, o de expresión emocional o de escucha. Ya es algo más interno y propio. Y también es una forma de comunicarse consigo mismas, que me parece muy importante, ¿no?

  • ¿En qué piensas que ayuda el yoga a las mujeres?

Bueno, creo que podríamos recuperar un poco todo lo dicho anteriormente en cuanto a que es un espacio, desde mi punto de vista, donde poder conocerse sin clichés, escucharse, sentirse sin riesgo. Es también, desde mi punto de vista, una práctica psicofísica que no hace, por lo menos el yoga como yo lo entiendo, discriminación en función del cuerpo que tengas.

Es decir, el yoga lo puede hacer todo el mundo. Con un cuerpo fino, grueso, alto, bajo, con poca elasticidad, con mucha elasticidad, con las caderas anchas, con las caderas estrechas.

Imagen Pixabay. Shushipu

Yo siento, que a medida que las mujeres acuden a yoga se dan cuenta de este punto. Quizás al principio, pueden mirar y compararse tanto en cómo se hacen las posturas como en los cuerpos. Pero después, creo que la mirada es mucho más hacia dentro que hacia fuera, y eso siento que es muy nutritivo para nosotras como mujeres.

  • ¿Piensas que las mujeres transgreden algunos de los roles tradicionales tras su conexión con el yoga? ¿y los hombres?

Yo creo que en cierto modo sí. Por un lado, por esto que estoy diciendo. Esa mirada hacia el cuerpo ajeno y al cuerpo propio cambia. Porque pasamos de mirar el cuerpo como una mera forma estética a mirar el cuerpo como un vehículo que es interesante que esté sano para tener una vida agradable. Pienso que las mujeres que vienen regularmente a yoga van desarrollando un sentido de pertenencia al mundo que les rodea mucho más fuerte, mucho más seguro. Se plantean cuestiones que quizás han aprendido culturalmente y las ponen en duda, cosa que me parece muy interesante. Y sobre todo, esa escucha y esa expresión hace que puedan generar otros patrones de relación con otras mujeres. No tanto desde lo que está socialmente aceptado sino desde lo que cada una es en cada momento. Y eso me parece fascinante.

Y los hombres que vienen a yoga, pues también pienso que están transgrediendo los roles. Creo que están todavía en un lugar mucho más inicial que las mujeres. Pero creo que también están buscando que se despliegue la sensibilidad que tienen, sentirse, entrar en contacto con esas emociones que les han dicho que no podían sentir. Entrar en contacto con su vulnerabilidad. Escuchar lo que tiene que decir la mujer. No desde un punto de vista combativo sino constructivo. Bueno, creo que sí, creo que se transgreden ciertos roles, la verdad. Me parece muy interesante.

  • Cuando se habla de feminidad y masculinidad en el yoga, ¿qué significado tiene?

Cuando hablamos de feminidad y masculinidad en el yoga hablamos de aspectos energéticos y digamos que no van ligados a los hombres y las mujeres. Sino que desde el Hatha yoga, que es lo que yo practico y enseño, el ser humano es un ser integral con el aspecto masculino y femenino integrado en sí mismo.

Imagen Pixabay. OpenClipart-Vectors

Tanto mujeres como hombres tienen ambos aspectos dentro de sí.

Me parece importante hacer hincapié en que los aspectos femeninos como la intuición, la sutileza el frío, lo abstracto no son exclusivos de las mujeres, ni siquiera a veces preponderantes.

Los aspectos masculinos, energéticamente hablando, como el aspecto lógico, el cálculo, lo racional, el calor, la acción, la toma de decisiones, no son exclusivamente de los hombres, ni siquiera preponderantemente de los hombres porque se denominen masculinas.

Lo importante de esta teoría es comprender que el yoga nos ayuda a equilibrar tanto los aspectos femeninos como los aspectos masculinos en cada uno. Porque desequilibrados no son saludables. Entonces es interesante tener una mirada hacia nosotros mismos con honestidad y ver qué aspectos estamos desarrollando más y cuáles estamos adormeciendo más.

Sin querer nuestra mente cuando hablamos de lo masculino y de lo femenino se va a lo establecido culturalmente por la mujer y para la mujer y por el hombre y para el hombre. Pero me parece importante darle esta vuelta nueva de tuerca y comprender que somos un todo y en todos está todo. Y es maravilloso que podamos ayudarnos a desarrollar lo que nos falta y lo que nos sobra mostrarlo.

  • ¿Algo más que quieras añadir sobre el tema?

Yo reconozco que a mí como mujer el yoga me ha ayudado mucho a establecer límites. A darme cuenta que ser buena persona no implica que permita a los demás tener más espacio que yo. Que permita a los demás cubrir sus necesidades antes que las mías. Sino que, puedo cuestionarme qué es ser buena persona, porque quizás me lo han trasladado y me han hecho creer desde lo que ellos sabían en su momento que era para que no molestase. Y sí que veo en mí esa construcción de lo que es asertiva de lo que es bueno para mí.

Cuando yo estoy bien, estoy tranquila, soy capaz de compartirme desde ese bien y desde esa tranquilidad. No tengo que compartir más, y no tengo que quedarme con más. Porque ya soy capaz de darme todo lo que necesito. Y ahí es donde me ayuda el yoga.

Si cada día paro, cada día me escucho, cada día respiro, cada día reacciono menos, y me hago más cargo de mis emociones. Si cada día soy capaz de darme cuenta del caos de mi pensamiento y a veces dejarlo estar u otras veces calmarlo voy construyendo el tipo de persona que quiero ser y que me hace feliz ser.

Así que muchas gracias por esta entrevista. Porque cuando me planteo estas cosas me hace conectar y darme cuenta con lo que está dentro de mí.

Imagen cedida por Mónica Cambra Granados

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Fumándose la vida

 

Ella me recibió en la boca del metro con su cigarro en la mano, anorak negro abultado protegiéndola del frío y unas modernas zapatillas recién estrenadas, a la última moda.

Su pelo recogido en una cola de caballo que caía sobre su espalda le daba un aire juvenil y a la vez una madurez interesante de mujer de revista. La seguí hasta su portal mientras hablábamos de su nueva experiencia maternal.

Ya era madre de un niño. Aun así,  este era el primer embarazo que consideraba conscientemente elegido, con todo lo que ello traía consigo. Por un lado, el reconocimiento de las circunstancias y decisiones sobre el embarazo anterior, y por otro,  la aceptación de la situación actual en la que había afirmado este. Esto lo consideré como una gran hazaña, ya que era un salto en la trayectoria de su historia de vida.

La vivencia de este momento le había permitido ver nuevas formas de embarazo y había identificado vivencias, contextos, circunstancias, deseos, anhelos, etc., que estaban allí y que hicieron de esa vivencia algo único, dotada de ciertas características que había que mirar.

La sensación de impersonalidad, aislamiento y frialdad me llegaba de fuera. Me la trasmitía ese barrio aislado de la periferia catalana en el que se encontraba el hogar que me acogería. Tras pasar el patio “chic” con piscina comunitaria, subimos a su hogar. Allí nos recibió un silencioso parquet, cuadros y sofás grisáceos de última tendencia. El padre acunaba al hijo cuando ella lo cogió para acostarlo mientras yo comía un bocadillo de jamón.

Volvió con aires de matriarca, gestora de su hogar y de su familia, rebelde nocturna cigarro en mano.  Me encantó verla, llegar a esa casa familiar y encontrarme en un lugar en el que se respetaba mi espacio y me mostraban el suyo.

Al día siguiente en  nuestro bis a bis pude ver sus miedos y sus alegrías, nuevas miradas hacia otros lugares. La incomprensión de la economía doméstica  – y con ella la de los afectos-, las decisiones personales y las posibilidades de cambios. Mujer atravesada por limitaciones relacionadas con la maternidad,  la economía, y  los conflictos propios de su existir como humana, en un mundo aparentemente ordenado.

 

Mujeres rurales, alimentadas, escritoras y divorciadas

Ayer  15 de Octubre fue el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Hoy día 16 de Octubre es el Día Mundial de la Alimentación y además es el Día de las Escritoras y también tal día como hoy, en la España de 1931 (II República) las cortes establecen el divorcio por mutuo disenso o a petición de cualquiera de las partes con condiciones («por una causa justa»).

Estaba yo aquí delante de mi ordenador, con la bata puesta y viendo todo lo que en las redes se mueve.  Y a mí como me encanta conectar las cosas, pensaba en todas las conexiones que hay entre todos estos días. 

Ayer 15 de Octubre las mujeres rurales salían a la luz. El trabajo que las mujeres han realizado en en el medio rural ha sido y es fundamental. Las zonas rurales no funcionan sin las mujeres (tampoco otras, pienso). Ellas tienen muchas de las claves para ese cambio de paradigma que se viene construyendo de estar más en contacto con nosotras, con la naturaleza, escucharnos, la fuerza.

El mundo no se alimenta sin las mujeres, no sólo porque estén en los medios rurales formando parte de la agricultura y la ganadería, sino que también son gran parte de la mano de obra de la recolección (u obtención), así como de la prepación de los alimentos. En la mayoría de los hogares la preparación de los alimentos  está en manos de las mujeres.  Está claro que la alimentación de las familias y de los grupos queda en manos de las mujeres.

Por otro lado, pensaba que para mí, un alimento fundamental de mi vida son los libros, y una parte muy grande de este alimento que yo consumo, está producido por mujeres (por elección). Las mujeres como escritoras y lectoras. Las mujeres como protagonitas. Y pensaba en cómo una novela es mi gran salvavidas. Cuando mi bloqueo es grande, cuando estoy triste, cuando estoy un poco perdida, ellas me salvan. Las escritoras con sus escritos me traen a la realidad, me hacen cómplice, me hacen de reflejo y me dan energía. Por eso, hoy, en el día de las escritoras le queremos rendir un merecido homenaje.

Finalmente, la conmemoración del día en que las mujeres se podían divorciar en España. En  1931 con la II Republica se consiguió que las mujeres puedieran divorciarse. Este espejismo de igualdad duró poco, hasta 1939, año en que se derogó esta ley para finalmente volver a ella en 1981 tras un gran debate. Cuando pienso en este proceso, me viene la imagen de abuelas y bisabuelas. Esas mujeres rurales que alimentaban a sus familias numerosas, y que ni podían plantearse salir de relaciones en las que no estuvieran a gusto, no ya porque no existiera el divorcio, sino porque socialmente e individualmente eso no entraba en los esquemas.

Y es que lo que se conmemora estos días me parecen todas de suma importancia en la vida de las mujeres. Importante el peso y el papel de las mujeres rurales, importante el papel que las mujeres desempeñan en el mundo en relación a la alimentación. Fundamental las mujeres escritoras, y con ello la simbología de las mujeres como credoras, como trasmisoras. E  importante el divorcio para las mujeres, por la relevancia del poder decidir sobre sus vidas, de poder acabar una relación al igual que podían acabarla ellos. Ese gran paso fue enorme tanto por lo que suponía a nivel práctico como a nivel simbólico.

Así que hoy, hacemos nuestro particular homenaje al mix de las mujeres rurales, alimentadas y que alimentan y que leyendo o escribiendo, se divorcian o no, lo que ellas decidan.  

Ruralidad, alimentos, escritura y divorcio se funden en un día, se funden en muchas mujeres.

 

 

 

 

Sí, igualad sí, PERO… sin ser tan extremista

Tras algunas conversaciones y escuchas de las últimas semanas, una vez ya en casa con la bata puesta me han brotado los siguientes cuestionamientos.

 

Ellas habían roto muchísimas barreras porque necesitaban vivir sus vidas. El franquismo llegaba a su fin en España y comenzaba la transición, fueron hijas de ese cambio.

La mentalidad machista de estos años era muy evidente, mucho más en los pueblos entre las montañas. Ellas tienen cientos de relatos sobre sus padres, sus hermanos, sobre los curas o los maestros, que ponen en evidencia esa sociedad en las que el poder político, social, económico, entre otros, estaba claramente en manos de los varones que las rodeaban.

Por eso, ellas tuvieron que romper muchas barreras en sus cotidianidades. Rupturas cotidianas que han sido claves en nuestra situación actual. Ellas tuvieron relaciones sexuales sin casarse. Ellas decidieron no tener parejas. Ellas se quedaron embarazadas sin estar casadas, unas los tuvieron y otras abortaron, ambos actos, según en la familia que estuvieran, el momento, la pareja, etc., eran actos transgresores.

Ellas se casaron para poder salir de casa y del dictado de sus padres. Muchas de ellas se arrepienten (porque ahora siguen el dictado de sus maridos) y siguen casadas, otras se han divorciado y a algunas les salió bien. Todo esto fueron transgresiones cotidianas.

Las que pudieron estudiar porque sus familias tenían medios o porque consiguieron alguna beca o sponsor, en su día a día universitario rompieron muchas barreras cotidianas. Comenzaron a dar su opinión en clases llenas de hombres. Si sus estudios eran como ingenieras, matemáticas, o cualquier otra área conectada con lo masculino, las barreras eran mucho mayores. Me viene a la memoria María Dolores Norte Gómez, a la que escuché hace unos días por la radio. Fue la primera mujer que se tituló como Ingeniera de Minas por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid, en la que entró en el mítico 1968. Ella contaba muchas de estas experiencias.

Todas ellas cuentan decenas de “anécdotas” sobre el machismo que vivieron. También lo cuentan las que se casaron por huir y ahora limpian casas o trabajan de administrativas. También aquellas que estudiaron más tarde y que consiguieron trabajar en lo que les gustaba.

He escuchado muchos de esos relatos. Desde aquellos tiempos hasta ahora hemos avanzado mucho, esto afirman. PERO… ahora que ya estamos iguales y se están poniendo muy extremistas (nunca se menciona exactamente los/as sujetos de la oración). Algunas de esas “ellas” tienen discursos que no entiendo si escucho sus trayectorias vitales.

Eso de tener que estar diciendo “todas y todos”, “compañeras y compañeros”, no gusta. Produce repulsión. Lo conectan con la política, y lo conectan con que parecen más “modernas” las personas que hablan también en femenino, pero que después hacen las mismas cosas. Que lo que hace falta es hacer bien política, trabajar bien y ser buenas personas. Da igual si eres mujer u hombre, da igual si pone “médico” y quien firma es una médica.

Y cuando esto pasa me viene a la cabeza las palabras de Nuria Varela cuando habla del “velo de la igualdad”. También me viene a mi mente la institucionalización del feminismo, y todas las críticas que se han hecho alrededor de estas situaciones. Además, como leí hace poco “el feminismo está de moda” llegando a las frases de las camisetas de las multinacionales más populares.

Así que hay una mezcolanza de ideas sobre los feminismos, de resistencias ante el lenguaje inclusivo, ante las nuevas demandas que pretenden una vida más equilibrada.

Según mis escuchas cotidianas, muchas personas piensan que usar un lenguaje inclusivo es sólo añadir el femenino. Y no es así. Entiendo que no se puede duplicar todo el rato mientras hablas, y también sé que hay formas de no hacerlo, y que para aplicarlas hay que aprenderlas.

De forma que, he escuchado ya en varias ocasiones mujeres de entre 45-65 años con un discurso que por un lado ensalza el pasado feminista y se reconocen ahí, y por otro rechazan lo que definen como “extremismo” actual.

Ellas han sido muy rompedoras en sus cotidianidades en épocas más complicadas y ahora crean barreras ante nuevos cuestionamientos porque parece que son “demasiado”. “Igualdad si, PERO sin ser tan extremista”.

La idea de que denunciar anuncios sexistas, incluir lo femenino en el lenguaje, parar los chistes machistas en las conversaciones, etc., se ve como un exceso, “eso ya es pasarse”. Se afirma con contundencia que “pobres hombres”, que los tenemos acosados.

De manera que “Igualdad sí, PERO….

Esos “pero(s)” según la Programación Neurolingüística están anulando la frase que precede. Por eso, si realmente si se apuesta por la igualdad, habría que expresarse, por ejemplo, diciendo que “quieren igualdad, sin embargo a ellas les choca algunas de las estrategias que se están llevando a cabo para conseguirla”, lo que no anularía el poder de las diferentes estrategias. En cambio, se posicionan en que es un exceso y que ya no hace falta todo esto. De esa forma, sería mejor afirmar que ellas no quieren igualdad (lo que también apuntó Nuria Varela en una de las presentaciones de su libro “Cansadas”).

He escuchado a muchas de las que yo llamaría feministas cotidianas renegar de muchos de los avances de las feministas y de los feminismos. Crear una barrera en la escucha y mirarme con cara de “pobrecita, ella es muy joven, todavía no sabe lo que hay”.

Y claro está, que yo me equivocaré y que cambiaré mis opiniones, visiones y creencias. Pero ahora me llama la atención estos rechazos tan contundentes y les doy forma para poder comprenderlos mejor.

Ideas, cuestionamientos, pensamientos, hipótesis. Las cuales cambiarán mañana, cuando de nuevo me enfunde la bata veraniega y mire a mis cotidianidades.

«Hogares» a cambio de risas

Cuando reía todo lo de alrededor vibraba con ella. Nadie podía resistirse a su risa. Algunas se reían con ella, otras la miraban tratando de contener el mensaje activo en sus mentes de “ésta está loca”, otras sonreían con envidia de su gran energía. Nadie quedaba indiferente ante su risa.

 

Era un otoño frío, aun así, el día de su boda llevaba un vestido sin mangas, blanco, muy blanco. Puro, muy puro. Sus dos hijos la seguían a todos lados. Uno de ellos no paraba de llorar.

Al día siguiente todo siguió su curso. Valoración de la fiesta, apertura de regalos, sobres y vuelta a cambiar pañales.

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